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03

ago

2011

JESÚS Y LA MUJER EN EL NUEVO TESTAMENTO

COMPARTE ESTO CON TUS CONOCIDOS MEDIANTE:

La mujer y Jesús:

El testimonio de los Evangelios

 

 

La actitud de Jesús hacia la mujer, tal como queda reflejada en los Evangelios, es realmente

notable cuando ésta se considera a la luz de la tradición hebrea junto con las actitudes judías dominantes en el contexto social en que Jesús vivía y los contextos históricos y sociales de los primeros lectores de los Evangelios.

 

El mundo antiguo se caracterizaba por una cultura decididamente patriarcal y, en general, el Antiguo Testamento refleja esta postura. Desde la cuna hasta el sepulcro la mujer era dominada por un hombre; primero por su padre, luego por su marido, y en caso que se quedara viuda, por un hermano de su marido o un pariente cercano, y finalmente por su hijo. De modo que la mujer hebrea pertenecía a los hombres de su familia biológica. Una ley hebrea antigua describe a la mujer como propiedad del hombre (Ex 20:17; Dt 5:21).

 

En general las normas colocaban al hombre por encima de la mujer en todos sus derechos y deberes. Muy especialmente en el periodo postexílico llegó a destacarse una postura netamente jerárquica en las relaciones entre los sexos. Leyes que cubrían la pureza racial, ritual y sexual colocaban a la mujer en una posición de marcada inferioridad en su relación con el hombre.

1Los rabinos reflejaban este pensar cuando decían que la única cosa peor que nacer mujer sería ser gentil, o pagano de nacimiento, o esclavo. La oración diaria de los

hombres rezaba, «Bendito eres, O Señor (…) que yo no haya nacido gentil. Bendito eres, O Señor(…) que yo no haya nacido esclavo. Bendito eres, O Señor (…) que yo no haya nacido mujer».

 

Sin embargo, «en cada uno de sus encuentros con mujeres narrados en los cuatro Evangelios, Jesús violó las costumbres de su época. En realidad, no hallamos paralelo a su forma de relacionarse con mujeres entre las sociedades “civilizadas” desde los mismos comienzos del patriarcalismo más de tres mil años antes…»

 

De modo que la actitud de Jesús que hallamos reflejada en los Evangelios es tanto más sorprendente. Pues en este contexto Jesús asumió una actitud notablemente diferente. Sus acciones y palabras reflejan una orientación notablemente contra cultura con una visión aparentemente inspirada en esa visión alternativa que hemos notado en partes del Antiguo Testamento y reflejada en la tradición en la cual nació Jesús y donde habría recibido su inspiración.

 

 

Jesús y la mujer marginada Las Mujeres en la Genealogía de Jesús (Mt 1:1-17)

 

 

La actitud de Jesús hacia las mujeres marginadas, incluyendo a las de reputación dudosa y las que eran prostitutas reconocidas, es realmente sorprendente. Ya hemos notado la genealogía con que Mateo comenzó su Evangelio, colocando a Jesús en el contexto de la historia de su pueblo. La genealogía incluye los nombres de cuatro mujeres,además del de su madre, María. Y cada una de estas cuatro mujeres estaba envuelta en alguna irregularidad en sus relaciones con los hombres.

 

En el caso de Rahab (Jos 2:1), se trataba de una ramera, que habiendo visto la grandeza del Dios de Israel, recibió a los espías, protegiéndoles de las amenazas de sus compatriotas, y finalmente fue incorporada al pueblo de Israel, tras la conquista.

Tamar (Gn 38), una adulamita y la nuera de Judá que quedó viuda tras la muerte de su marido y fue rechazada por su cuñado que se suponía se casara con ella, y finalmente en un acto de desesperación engañó a su propio suegro, para que se cumpliera su deber levirato con ella. Rut (Rut 3:6-18), la joven viuda moabita, que optó por el Dios, el pueblo y la tierra de su suegra, Noemí, aparentemente logró conseguir que Booz, un pariente de su difunto marido, cumpliera con ella su deber levirato, iniciando ella una relación conyugal mediante un proceder un tanto atrevido, por no decir inmoral. Y Betsabé (2 Sam 11:2-5), la mujer de Urías el heteo, fue la víctima de la maniobra asesina y adúltera del Rey David.


Estas cuatro mujeres todas tienen en común su notable marginación. Todas eran de origen pagano y todas sufrieron las consecuencias de la dominación masculina, de una manera u otra, y por lo tanto serían juzgadas impuras religiosa y socialmente y, como resultado, rechazadas . El que los nombres de estas cuatro mujeres aparezcan entre las abuelitas de Jesús es sorprendente. Pero debe alertarnos al hecho de que Jesús, en su vida y ministerio, va a tomar una actitud de notable abertura hacia los marginados, incluyendo a las mujeres.

 

 

Jesús y la Mujer Sirofenicia (Mc 7:24-37; cf. Mt 15:21-28)

 

 

En los Evangelios encontramos muchas indicaciones del amor de Jesús para con los marginados y desheredados que incluían a los extranjeros y a mujeres. En este texto tenemos un ejemplo de ambos.

 

Episodios como éste tienen que haber sido importantes para Marcos y las comunidades que él representaba durante las décadas desde los fines de los 30 hasta los 60 de la era cristiana. Los Evangelios sinópticos habrían sido escritos para la instrucción de los convertidos de Pablo y los demás apóstoles en el proceso de superar las paredes que separaban a Judíos y Gentiles. Se libraba la lucha para superar las barreras nacionalistas y jerárquicas que separaban a los judíos y los gentiles y perpetuaban la dominación masculina de la mujer. Y evidentemente Marcos quería que sus lectores se dieran cuenta que era Jesús mismo a través de sus hechos y sus dichos que autorizaba estos cambios.

 

Tiro era una ciudad fenicia antigua situada en la costa mediterránea a unos 50 kilómetros al noroeste del Mar de Galilea. Era famosa desde la época de la reina Jezabel por su altar dedicado a la diosa de la fertilidad, Astarte (1 R 16:31). En el tiempo de Jesús era centro de comercio y cultura pagana – griega y romana.

 

El retiro de Jesús fue interrumpido por la impertinencia de una mujer «griega y sirofenicia de nación» con una hija poseída de un «espíritu inmundo», que suplicaba con insistencia su ayuda.

 

Esta mujer era tres veces marginada. Primero, era mujer y las costumbres sociales no admitían conversaciones entre mujeres y hombres en estas situaciones. Segundo, era griega de nacionalidad, pero aun peor, en cuanto a su fe, era pagana. Y tercero, era de origen sirofenicia. Por su raza se la identificaba con los cananeos del periodo veterotestamentario y se la asociaba con la religión pagana de Tiro y Sidón, con una historia que se remontaba a la época de la temible defensora de esta religión, la reina Jezabel.

 

A primera vista, la respuesta de Jesús nos sorprende. «Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos». «Perro» era el insulto más grande que los Judíos podían encontrar para dirigirse a los Gentiles en el mundo antiguo. A pesar de todo lo que la mujer tenía en contra, ¿realmente le suena a Jesús esta respuesta? Es una pena que no podemos captar el tono de voz que Jesús empleaba para su respuesta, o fijarnos en su mirada a ver si no habría una pequeña sonrisa en sus labios o un ligero brillo en los ojos.

 

¿Podría haber intentado un poco de humor o probado la sinceridad del pedido? Pero antes de juzgar la intención de Jesús notemos más de cerca el texto. Se trata de una analogía más bien que un término peyorativo dirigido a la mujer. Y segundo, no se emplea «perro», sino «perillo», con el sentido de cariño que este término implica. Y tercero, tras la alimentación de los cinco mil y la recolección de las doce cestas de comida que sobraron, Marcos, de forma velada, indica que hubo un sentido escondido que no captaron,(«porque aun no habían entendido lo de los panes…» (6:52). ¿Podría significar que en la provisión pródiga de la gracia de Dios hay más que suficiente? Da para todo el que necesita. Cuando dijo, «deja que primero se sacien los hijos» la implicación es que luego se servirán todos.

 

Sea como fuera, la respuesta de la mujer nos asombra. «Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos». Esta es la única vez en el Evangelio de Marcos que Jesús es confesado Señor (kurie), ¡y surge de los labios de una mujer pagana! (Y, de paso, la única persona en el Evangelio de Marcos que confiesa que Jesús es «el Hijo de Dios» también era pagano, el centurión romano (15:39).

 

El que los Judíos gocen de una prioridad histórica, insiste esta mujer pagana, de ninguna manera limita la gracia asombrosa de Dios. Esta despreciada mujer sirofenicia sabía mejor que los principales maestros en Israel, los Escribas y los Fariseos, que la elección divina no era al privilegio, sino al servicio, como mayordomos de la gracia sin igual de Dios destinada a alcanzar a todos los pueblos de la tierra.

 

Su respuesta nos asombra. Tras una respuesta inicial, que dejaba de reflejar su cultura judía, Jesús, respondió con esa compasión, tan característica del reino de Dios, que marcaba todas sus relaciones con los/las marginados/as. Y al parecer, ¡Jesús se cambió de idea! Y la mujer volvió a su casa y halló a su hija liberada del poder demoníaco.

 

En un pasaje paralelo, Mateo (15:21-28) describe a la mujer como cananea, el término peyorativo con que se refería en el Antiguo Testamento a los habitantes paganos de la tierra prometida. Pero a pesar de su triple marginación ella se dirige a Jesús como «Señor (Kurie), Hijo de David» (Mt.15:22), reconociendo así la autoridad mesiánica de Jesús, y pide su misericordia para la liberación de su hija, atormentada de un demonio.

 

De paso, conviene señalar que, en relación con el saludo de la mujer, los biblistas han notado que una de las principales imágenes con que Mateo describe la iglesia en su Evangelio es la del «Verdadero Israel», o «Nuevo Israel». Al tomar nota que esta mujer cananea confiesa a Jesús como «Señor, Hijo de David», Mateo destaca el papel de esta mujer marginada en la articulación de una nueva visión eclesiológica. ¡Es teóloga también! En este caso los mismos discípulos de Jesús piden que la mujer sea despedida sin más. Y aun Jesús parece reflejar el pensar tradicional, y seguramente la convicción de los discípulos, cuando dice, «No soy enviado sino a las ovejas perdida de la casa de Israel» (15:24). Pero ni el silencio (23), ni el argumento tradicional de la prioridad israelita (24), la detienen. Y con todo, la mujer per-

siste y Jesús termina declarando a la niña liberada de su opresión demoníaca con las palabras, «Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres» (15:28).

Para los primeros lectores de Marcos y de Mateo, que debatían las cuestiones de la inclusión de los gentiles marginados en las nuevas comunidades mesiánicas y la superación del tradicional patriarcalismo en las congregaciones primitivas, el relato de este ejemplo de Jesús habría comunicado poderosamente la superación de diferencias de raza y nacionalidad y favorecido la participación plena de mujeres y hombres en la vida y misión de la iglesia.

Menno incluyó en sus escritos a esta mujer (y a la mujer pecadora) entre una lista de diez ejemplos de fe auténtica tomados de las Escrituras. Y aunque Jesús mismo parece haber quedado admirado de su fe, uno se pregunta si ésta es la principal lección que Mateo y Marcos querían comunicar a sus lectores.

A la luz del contexto socio-histórico en que se debatían cuestiones de inclusión de gentiles y la superación de barreras entre hombre y mujer, entre esclavo y libre entre culto e inculto, estos episodios ofrecían el ejemplo de Jesús mismo como argumento a favor de la inclusión y la igualdad en la iglesia naciente y en los propósitos de Dios.

 

Jesús y la Mujer Pecadora en la Casa de Simón el Fariseo (Lc 7:36-50)

Este episodio no debe confundirse con otros, semejantes, pero con notables diferencias, relatados en los Evangelios. Estos se hallan en Mt 26:6-13; Mc 14:3-9; Jn 12:1-8. En Mateo y Marcos es «una mujer» en la casa de Simón el Leproso. En Juan es María hermana de Lázaro y Marta.

En este episodio, relatado por Lucas, estamos en presencia de una confrontación total entre una visión tradicional de la mujer, representada en el farisaísmo contemporáneo, y una visión alternativa, sorprendente y radicalmente diferente, asumida por Jesús.

Simón el Fariseo representaba lo mejor y lo más serio del compromiso a la tradición religiosa en el Judaísmo contemporáneo. Para los lectores de Lucas su intención sería clara. Jesús mismo es la autoridad tras la nueva apertura hacia los marginados, incluyendo a la mujer, y aun hacia las más despreciadas por la sociedad. Y esta visión está en conflicto abierto con la visión tradicional y patriarcal.

Las palabras con que se introduce a la mujer en el escenario, kai idou, traducidas «entonces» en nuestra versión, implican sorpresa. Refleja delicadeza al no mencionar su nombre, pero, sí, es una mujer conocida en la ciudad como pecadora. Esto implica que sería posiblemente la mujer de algún marginado, como cobrador de impuestos, por ejemplo, o una prostituta.

La mujer, con una emoción desbordante, se puso a ungir con perfume los pies de Jesús, mojarlos con sus lágrimas, secarlos con sus cabellos, besarlos repetidamente y luego ungirlos con perfume de nuevo.

La reacción de Simón sería de esperarse. Escandalizado, reaccionó a su manera, entrando a

juzgarle a Jesús en los rincones de su mente. «Este, si fuera profeta», en la versión de Lucas es probablemente una alusión a una opinión popular que con Jesús estarían en presencia de un gran profeta en su medio (Lc 7:16). La situación es escandalosa para Simón porque Jesús le permite a una mujer que le toque en público y por encima, esta mujer es una pecadora pública conocida.

En una ironía que a sus lectores no podría pasar desapercibida, Jesús manifiesta sus dones proféticos leyendo a perfección la mente de Simón.

Su ejemplo de los dos deudores va directamente a la raíz de su problema: un celo religioso totalmente carente de experiencia de misericordia que hubiera producido en él un amor compasivo capaz de cuestionar esas estructuras de dominación jerárquica.

Tras la pequeña parábola de Jesús que pinta con cristalina claridad su problema, Simón res-ponde con una frialdad que congela su alma. «Pienso, (supongo, NBE) que aquel a quien perdonó más» (43). Y, en cuanto a la mujer, Jesús dice, «sus muchos pecados le son perdonados, porque, amó mucho» (47). Esto ha llevado a algunos a pensar que en el amor perfecto hay un poder salvífico.

Sin embargo, lo que Jesús dice a continuación aclara la situación, «mas aquel a quien se le perdona poco, ama poco» (47). La traducción de la Nueva Biblia Española ha captado bien el sentido del texto griego. «Por eso te digo: cuando muestra tanto agradecimiento es

que le han perdonado sus pecados, que eran muchos; en cambio, al que poco se le perdona, poco tiene que agradecer.»

Los primeros lectores del Evangelio de Lucas entenderían con claridad que la autoridad de Jesús mismo está detrás de esta nueva visión alternativa de apertura hacia los marginados de toda índole y de superación de las barreras entre los géneros creadas por las tradicionales estructuras jerárquicas.

Pero hay también una segunda lección para las comunidades lectoras. La autoridad de Jesús mismo está detrás de la práctica de atar y desatar en las comunidades primitivas. En respuesta a la duda farisaica, «¿Quién es éste, que también perdona pecados?» (Lc. 7:49), quedó claramente demostrado que Jesús, sí, perdonaba los pecados y que en el Cuerpo de Cristo, y en el poder del Espíritu del Cristo Viviente, la Iglesia sigue restaurando mediante sus acciones compasivas y sus palabras de perdón (cf. Mt 18:15-20).

 

Jesús y la Mujer Encorvada (Lc 13:10-17)

Otra iniciativa contra cultural de Jesús incluye a la mujer «que tenía espíritu de enfermedad y que andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar» (11) que Jesús sanó en la sinagoga en día de sábado. En este episodio, mediante los hechos y los dichos de Jesús, notamos la manera en que el reinado de Dios, ese nuevo orden divino libre de dominación comienza ya a desplazar el viejo orden de dominación. Jesús llama a la mujer «hija de Abraham», expresión inaudita en la antigua literatura judía. Llamarse «hijo de Abra-

ham» era el mayor orgullo de un hombre judío. A esta mujer se le otorga status en la comunidad del pacto en plena igualdad de condiciones con los hombres. Al poner sus manos sobre ella para sanarla, Jesús revocaba el tradicional código de santidad con sus escrúpulos masculinos en relación con la supuesta impureza sexual femenina. Al sanarla en el día sábado en medio de la sinagoga, Jesús desafiaba abiertamente el monopolio masculino sobre los medios de gracia y acceso a Dios. Y al señalar que su condición era el resultado de la oposición satánica, Jesús la libraba del poder de ese sistema de dominación cuyo espíritu impulsor era Satanás. En este drama de liberación del poder satánico, Jesús libraba a la mujer del patriarcalismo y del elitismo religioso masculinos a que la mujer había sido sujetada. Desde ese momento la mujer encorvada quedaba libre para caminar enderezada y con plena dignidad en un espacio hasta entonces ocupado solo por el hombre. Este episodio, tal como lo relata el evangelista, es símbolo del amanecer de una nueva era – el reinado de Dios, ese nuevo orden divino libre de dominación.

Con razón, «todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él» (13:17).5

 

Jesús y la Mujer Sorprendida en Adulterio (Jn 8:3-11)

Los especialistas en la crítica textual del Nuevo Testamento señalan que este texto, tanto por su estilo literario, como por el hecho de no aparecer en los manuscritos más antiguos del Evangelio, con toda seguridad no formaba parte original del Cuarto Evangelio.

Sin embargo, no hay duda de su veracidad. En algunos manuscritos aparece el episodio a continuación de Lucas 21:38, situando, así, este episodio en los predios del templo. Pero muy especialmente, este relato concuerda perfectamente bien con lo que ya sabemos de la actitud y la práctica de Jesús en relación con los marginados, incluyendo a la mujer.

En juego aquí está la orientación legalista del establecimiento religioso del Judaísmo del primer siglo con su preocupación por una aplicación literal y severa de la ley que choca con la misericordia de Dios reflejada en la compasión de Jesús para con los más necesitados. También reflejada en este episodio está la oposición entre la orientación patriarcal oficial con su dominación de la mujer por parte del hombre y la visión profética y alternativa que le caracterizaba a Jesús.

La acusación de los adversarios refleja ya sus prejuicios. «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio» (8:4). La ley a que ellos apelaban decía: «Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos» (Lev 20:10; cf. Dt 22:22). Y extrañamente han acusado y

traído tan solamente a la mujer, reflejando la duplicidad moral bastante amplia que infectaba (e infecta) las relaciones entre los sexos en la tradición patriarcal.

Ante el pedido de los escribas y fariseos de una opinión, Jesús primero se hizo el distraído, dibujando en el suelo con su dedo. Luego, ante su insistencia, invitó al que estuviera sin pecado, que arrojara la primera piedra contra ella. En efecto, poniendo al descubierto al testigo del delito (recuérdese que había «sido sorprendida en el acto

mismo»), y la duplicidad moral de los demás, pues «acusados por su conciencia, salían los más viejos hasta los postreros» y nadie se atrevió a lapidarla. Y Jesús, viéndola en su condición de marginada y víctima, le extendió el perdón divino capaz de transformarla para que no pecara más.

Para los lectores de Juan, en una comunidad en conflicto con el Judaísmo oficial a fines del siglo I, este episodio serviría para reforzar su compasión para con todos los marginados y necesitados entre ellos, y especialmente para la mujer, víctima de la

dominación patriarcal.

 

Jesús y la Mujer Samaritana (Jn 4:7-42)

La historia del encuentro de Jesús con la mujer samaritana nos recuerda, una vez más, de lo radicalmente contra cultural que era la actitud de Jesús hacia los marginados, en este caso los extranjeros samaritanos, y hacia la mujer.

En el primer caso, fue la Samaritana que señaló esta diferencia. «¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque Judíos y Samaritanos no se tratan entre sí» (4:9). Los Judíos odiaban a los Samaritanos por su origen pagana (2 R 17:24-41). Sin embargo, Jesús en ocasiones hablaba bien de los Samaritanos (Lc 10:33; 17:16).

En el segundo, fueron los mismos discípulos de Jesús que articularon los prejuicios tradicionales. «En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?» (4:27). En ese contexto diríamos que los discípulos tenían razón. Era una cosa inaudita que un rabino hablase familiarmente con una mujer en público.

Uno se imagina que casi sesenta años mas tarde, cuando el E vangelio de Juan era leído en la comunidad cristiana, a partir de la ultima década del primer siglo en adelante, los creyentes tendrían la ocasión de ver sus propias actitudes y prejuicios reflejados en los de los dicípulos de Jesús en el espejo de un texto, y en el poder del Espíritu del Cristo Viviente, dejarse ser transformados.

La Samaritana era tres veces perdedora. Era samaritana odiada, era mujer marginada y sería, por su historia matrimonial, pecadora despreciada. Cinco veces había sido repudiada. Cinco maridos la habían tomado bajo su protección en matrimonio para luego descartarla. (En su cultura la iniciativa le correspondía al hombre, y no a la mujer.) Y ahora, no es más que la concubina del hombre que la ha tomado como suya. Y sin embargo, Jesús no duda en entablar conversacion con ella, y así dignificarla en medio de su marginacion extrema.

Jesús no dudó en comparir una visíon teológica con ella que, hasta nosotros, tras casi dos milenios de historia de interpretacion bíblica, todavía hallamos compleja. (Por ejemplo, el simbolismo del agua, el papel vivificante del espíritu, el caracter del culto auténtico, el alcanse universal de la intencion salvífica divina, etc.) A partir de ese momento, ella tiene derecho a gozar de acceso al agua de vida eterna, apesar de su marginación extrema. Ella pasa a ser hija amada d Dios, con pleno derecho a adorar a Dios “en espíritu y verdad”, a pesar de su género, su raza y su marginacion moral.

Interpretes biblicos no han dejado de ver en la malaventurada historia matrimonial de la mujer, cinco maridos , y ahora uno que realmente no lo es , una alucion ala creasion del pueblo samaritano mediante el traslado de cinco pueblos paganos por orden del rey de Asiria aocupar un territorio despoblado ( 2 R 17:24ss ). pero sea como fuera , la situacion desgraciada de la mujer no fue inpedimento para que Jesus tuviera compasion de ella.

De una mujer cinco veses repudiada y testigo en que nadie tendria confianza , se convirtio en el instrumento escogido para la transformacion de su pueblo.

Entonses la mujer dejo su cantaro ( ¿para que Jesus bebiera? ) y dijo alos hombres: Venid , ved a un hombre que ha dicho cuanto he echo. ¿No sera este el Cristo? (...) Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en el por la palabra de la mujer , que daba testimonio

(...) Y creyeron muchos mas por la palabra de el ( 4:28,29,39,41).

Uno esta tentando a pensar que la extension de la iglesia a samaria y la acogida extraudinaria

que recivio el evangelio en esta ciudad se deberia en parte , por lo menos , a los comienzos indicados por esta mujer ( Hch 8:1,4.8,25 ).

 

las dicipulas de jesus.

Es bien conosido que un grupo de doce dicipulos fueron llamados a seguir a Jesus durante su ministerio.

Lo que no es tan conocido es que hubo otro grupo de dicipulas que tambien sigueron a jesus durante su ministerio.

Y , segun lucas , ambos grupos , hombres y mujeres , compartieron el ministerio de Jesus.

Las mujeres fueron protagonistas en el seguimiento de Jesus en igualdad de condiciones con los hombres.

Aparentemente estas mujeres fueron protagonistas en el seguimiento de jesus en igualdad de condiciones con los hombres.

Acontencio despues , que Jesus iba por todas las ciudades y aldeas , predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios , y los doce con el , y algunas mujeres que abian sido sanadas de espiritus malos y de enfermedades: Maria , que se llamaba Magdalena , delaque habian salido siete demonios , Juana , mujer de chuza intendente de Herodes , y Susana , y otras muchas que les servian de sus bienes ( Lc 8:1-3 ).

 

Los realtos de las visitas de Jesus ala casa de Maria y Marta ( Lc. 10:38-42 y jn 11 ) nos enseñan , entre otras cosas que una mijer , igual que un hombre , puede ser plenamente dicipula de Jesus. Se puede ver en la queja de Marta en Lucas 10:40-42 , una version del debate eterno sobre la importancia relativa entre una vida dedicada al servicio activo de Dios y los semejantes y una espiritualidad contenplativa. Sin enbargo , en el contexto judio de la epoca << sentarse alos pies >> de un rabino era un termino tecnico para referirse ala postura de un disipulo del rabino. De echo , la misma frase se emplea en el caso del endemoniado garadeno , sanado por Jesus <<Sentado alos pies de Jesus>> le pidio permiso para seguirle. Pero Jesus , en cambio , le envio de testigo asu propio pueblo con un mensaje evangelizador contando <<cuan grandes cosas a echo Dios contigo>> ( Lc. 8:38 ).En efecto , con su respuesta a Maria , Jesus esta afirmando el pleno derecho de una mujer a ser una dicipula en igualdad de condiciones con los hombres. <<Una cosa es necesaria; y Mariah a escogido la buena parte, la cual no le sera quitadas>> (Lc. 10:42 ).

en juan 11:27 es Marta la que confienza que Jesus es el Mesias. <<Si , señor (,,) tu eres el Cristo , el Hijo de Dios que has venido al mundo>>. Esta es la misma confecion que en cada uno de los cuatro evangelios ( Mt 16:16; Mc 8:29; Lc 19:20 y Jn 6:69 )es echa por Pedro, en nombre de la comunidad de dicipulos. Asi que en la comunidad juanina se veria a Marta , al igual que a Pedro , actuando como vosera/o para el grupo de los/as seguidores/as de Jesus.

Evidente mente hubo diferencias en las actividades de los grupos. Hubiera sido dificil para una mujer sencillamente salir de su casa y su familia para seguir aun rabino itineramente , y mas toda via , ser asimilada en un grupo mixto con hombres que no eran sus esposos. Estos posiblemente explica por que Lucas señala sus situaciones desesperadas de marginacion , de alguna de ellas por lo menos , que condujeron asu segimiento de Jesus. Tambien hubiera sido imposible enviar a mujeres solas con una mison de enseñanza y predicasion como fue el caso de los hombres. Las las costumbres de la epoca no hubieran permitido que ni hombres ni siquiera presentaran atension a un mensaje comunicado por mujeres.

Pero , a pesar de todos estos inconvenientes , este discipulado comun les llebo a ambos grupos a acompañar a Jesus desde Galilea asta jerusalen. Y de acuerdo con el testimonio unanime de los cuatro evangelistas , las mujeres le sigieron hasta la cruz y permanecieron cerca asta llegar a ser las primeras testigos de la resureccion. <<Tambien habia algunas mujeres mirando de lejos , entre las cuales estaban Maria Magdalena , Maria la madre de Jacob el menor y Jose , y Salome , quienes cuando el estaba en Galilea , le seguian y le servian; y muchas otras que habian subido con el a Jerusalen>>. (Mr 15:40-41; cf.Mt 27:55-56; Lc 23:49: Jn 19:25 ).

Luego de un largo silencio en el cuerpo principal del texto (desde Lc 8:1-3 hasta Lc 23:49 ) en cuanto ala existencia y participacion de este grupo de dicipulas , los Evangelios todos señalan su protagonismo. Las mujeres le an acompañado en el camino del dicipulado desde Galilea le an servido , y la an acompañado asta la misma cruz. Y lo han echo en constraste con el momento de mayo fracasode parte del gruponmasculino que le abandono.

Estas mujeres dicipulas de Jesus , jugaron varios papeles importantes. Primero , estaban presentes , y aunque no dijeran nada , sirvieron como simbolos de autentico discipulado , un seguimineto que incluye asumir una cruz. Y segundo , fueron testigos. Tres veses se nos señala que las mujeres fueron testigos: vieron la muerte de Jesus ( 15:40 ), vieron donde lo sepultaron ( 15:47 y finalmente vieron la tumba vasia y el mensajero divino de la resureccion ( 16:1,4-6 ).



testigos de la resureccion y participantes de Petencostes

En el judaismo del primer siglo el testimonio de mujeres no se consideraba valido. Pero , en contraste con su contexto , el Nuevo Testamento , si lo considera valido. Las mujeres son las testigos primarias de la muerte y la resureccion de Jesus. Segun los Evangelios , fueron estas mujeres las que dieron la notisia de la resureccion de Jesus , junto con su invitacion a encontrarse de nuevo en Galilea , con los dicipulos ( Mt 28:8-10; Mc 16:9-11 Lc 24:8-12 ).

Segun Marcos 16:7 la invitacion de Jesus es tanto para las mujeres como para los hombre. <<Pues id , decid asus dicipulos que el va delante de vosotros/as a galilea; alli vereis como os dijo>>. Aunque no hayan sido mensionadas especificamente desde Lc 8:1-3 , estas mujeres que le acompañaron desde Galilea han formado han formado parte del contingente durante todo el camino. Y ahora lo seran de nuevo en el encuentro de Galilea y tambien en el aposento alto de Jerusalen.

Sin embargo , Marccos 16:7-8 nos señala que las mujeres tambien fueron falibles. <<Pero id , decid a sus discipulos , y a Pedro , que el va delante de vosotros a Galilea; alli le vereis , como os digo. Y ellas se fueron huyendo del sepulcro , porque les abia tomado temblor y espanto; ni decian nada a nadie , porqe tenian miedo. <<corregida>> acontinuacion en la seccion aparentemente añadida al texto original ( 16:9-20 ) donde aparecio Jesus el resucitado a Maria Magdalena y <<yendo ella , lo hizo saber a los que abian estado con el , que estaban tristes y llorando>> (vv. 9-10 ).

Los primeros lectores de Marco problabemente entenderian de estos fracasos de parte de los dicipulos y de las dicipulas que tambien hay perdon y restauracion tras sus fracasos en el seguimiento fiel a Jesus en el camino hasta la cruz misma , y tambien tras sus fracasos en dar testimonio fiel ala resureccion de Jesus. Y en este caso lo necesitamos tanto hombres como mujeres .

En el segundo tomo de su Evangelio , Lucas describe , a continuacion , el protagonismo de estos dos grupos de dicipulos/as. En el aposento alto en Jerusalen se encontraban los once , que Lucas nombra a continuacion , y luego añade , <<Todos estos perceveraban unanimes en oracion y ruego con las mujeres y con Maria la madre de Jesus , y con sus hermanos (...) Cuando llego el dia de Petencostes , estaban todos unanimes juntos¨ ( Hch 1:14, 2:1 ).

Todos igualmente , <<fueron llenos del Espiritu Santo>> ( v. 4 ) y en su interpretacion del acontecimiento , Pedro recordo la vision del profeta Joel , <<Derramare de mi Espiritu sobre toda carne , y vuestros hijos y vuestras hijas profetizaran. (...) Sobre mis siervos y mis siervas (...) derramare de mi Espiritu y profetizaran>> (vv. 17-18 ).

Y efectivamente , surge una comunidad carismatica , que depende de todos los dones la grasia de Dios , tanto para sostener su vida como para comunicar el evangelio , encargada con la continuacion de la mision de su señor en el mundo.

A continuacion encontraremos a una comunidad en que los dones del Espiritu son derramados sin distincion sobre mujeres y hombres , pues se trata de << el mismo Espiritu , repartiendo a cada uno/a en particular como el quiere>< ( 1 Cor 12:11 ). Y su mensaje profetico es proclamado tanto por las mujeres como por los hombres ( Hch 21:8-12; 1 Cor 11:5; et al. ).

El que la iglesia , atraves de su historia , no haya sido fiel a esta version de un nuevo orden divino libre de dominacion , no debe cegarnos ante la importancia absolutamente fundamental y el significado radical de las actitides y las actuaciones de Jesus en la relacion con la mujer. Estos hechos y dichos no son meras ocasiones para mostrar nuestra admiracion y asombro. Jesus no era meramente <<un buen caballero>> , que siempre actuaba con buenos modales en su relacion con al mujer , sino que se trataba de algo sumamente mas fundamental. La restauracion de la mujer asu humanidad plena y asu condicion de igualdad con el hombre era elemento integral en la llegada de ese nuevo orden divino libre de dominacion , el reinado de Dios. Como Jesus mismo decia , <<Es necesario que (...) anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado>> ( Lc 4:43 ). Y esto incluye la plena participacion de mujeres y hombres en el nuevo orden inaugurado por Jesus.

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Comentarios: 4
  • #1

    mayelin (martes, 10 julio 2012 09:18)

    no uno aca no puede encontrar a las mujures que sirvieron a dios en el nuevo testamento que peresa

  • #2

    Przemyslaw (viernes, 13 julio 2012 18:28)

    THX for info

  • #3

    Angela (lunes, 13 mayo 2013 14:08)

    Bendiciones. Todo lo que Jesus hizo por la mujer fue restaurarla como ser humano con valor, derecho y dignidad. Pero muchos predicadores toman las cartas de Pablo para nuevamente apartar a la mujer y rechazarla en la predicacion. Ellos dicen que la mujer no debe predicar desde un pulpit, ya que esto la hace humillar la cabeza ( el varon ). Como interpreta usted lo que Pablo dice en relacon a la mujer? Bendiciones.

  • #4

    mensajerodepaz (martes, 14 mayo 2013 14:23)

    Dios te bendiga Angela. En particular creemos que Jesús dignificó a la mujer y así es como vemos a las mujeres con una participación activa dentro de la iglesia de Cristo no solo como miembros sino también fungiendo como parte importante dentro de las actividades de la misma. También es cierto que Jesús nunca habló de Pastoras, no constituyó Apóstolas por lo que pensamos que no es Bíblico el liderazgo de la mujer sobre el varón pero vemos que si hay profetizas o diaconisas y ancianas que tienen liderazgo sobre otras mujeres más jóvenes así que podemos entender que la mujer en el nuevo testamento está contemplado que tenga una parte muy activa dentro de la iglesia de Dios. Dios te bendiga y utilice mucho para su obra. Saludos!

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